Hola Zenith
Muchas gracias por tu carta. Tu caso también es muy duro. Esto de que cuando tus hijos te ven salen corriendo y no te miran a los ojos también lo he experimentado yo con el mío. Es muy triste. Me cuentas que cuando intentaste aproximarte a uno de tus hijos éste avisó a la madre, ésta a la policía y te encerraron con la infundada acusación de intento de secuestro y maltrato; después se demuestra lo falso de la denuncia (¡cuantas historias de este estilo he leído en Internet!), pero tú has pasado un calvario horrible, tu hijo ha hecho méritos ante su alienadora, y ella ha dado una vuelta de tuerca más en su exitosa manipulación.
Cuando leí tu mail con tu caso tan triste lo primero que pensé fue: “y qué le puedo decir yo, si tampoco estoy seguro de lo que debo hacer en mi caso”. Sólo mostrar la solidaridad en esta dolorosa pérdida (esperemos que temporal) de nuestros hijos. Una de las cosas que yo trato de hacer conmigo es intentar no identificarme con un papel de víctima (aunque objetivamente pueda demostrarse la agresión, manipulación, etc.). La victimitis sirve de muy poco y ya he visto suficiente en mi proceso de separación. El vinculo con mi hijo lo debo (re)establecer desde mi mismo, nadie de fuera me lo va a dar, ni mi ex si cambiara, ni la ley, ni un psicólogo, nadie. Lo fundamental, que sería una armonía entre el padre y la madre por el bien del hijo –estén separados o juntos-, no se da. Pues esto es lo que hay. Yo ya no espero nada de mi ex, ya no espero que cambie y de momento he decidido que tampoco iré a la ley para obligarla a cambiar. No espero nada de la ley, que en estos casos parece que además de ciega y sorda ante tanto dolor es también imbécil (sus ejecutores) o cosas peores. Para mi, es un ejercicio interior abandonar la esperanza de que cosas de fuera de mi cambien en la dirección que yo quiero para que las cosas sean “como deben ser”. Poner esperanzas en cosas que no dependen de mi he visto que no es muy útil. Por eso intento (no me resulta nada fácil) no quejarme de lo malo que es el mundo, o mi ex o la ley. Quejarse básicamente sirve para alimentar la victimitis, aunque el motivo de la queja no sea falso. Por el mismo motivo también trato de no culpar a mi ex (uff! Esto si que me cuesta! No sé si lo he conseguido)
No me gustaría que de lo que acabo de escribir se concluyera que la próxima mani del día 10 de diciembre en Madrid no sirve, o este mismo blog donde difundo mi caso. Simplemente trato de recordarme que yo sólo mando de mi y de lo que de mi depende. Que pueda demostrar la razón de las fechorías que he sido víctima, si no me sirve para recuperar el vínculo con mi hijo, por ciertos que sean los hechos, no me sirve de nada.
Me estaba yendo de tu carta (estamos tan atrapados en nuestra propia historia, ¿verdad?). En ese relato tan duro me dices “La vida de mis hijos ya ha sido malograda para siempre...”. Esto no es verdad. Tu no controlas el futuro (y tu ex tampoco), nunca se sabe del todo qué pasará, nadie lo sabe (bueno, Dios, para los que creen en él). Además, en el futuro la vida de tus hijos será responsabilidad suya, no tuya ni –por suerte- de tu ex. Aunque comparto contigo la durísima experiencia de no poderles ayudar ni estar a su lado en estos años tan importantes de su formación.
De tu carta deduzco que te preocupa mucho la educación de tus hijos y su éxito en la escuela. No te conozco a ti ni a tu ex, pero podría ser que esos desastres que me cuentas en la escuela sean precisamente por esa gran preocupación tuya, porque ella sabe que es lo que más daño te puede hacer. Y los hombres somos tan ingenuos que nos ponemos “a tiro” muy fácilmente, saben por donde cogernos para hacernos más daño. Lo que no sé es la solución.
Deseo que tengas mucho éxito en los juzgados. Es muy triste que lo mal que están tus hijos sea un argumento que te da la razón y esperemos que en ese sitio haya gente con profesionalidad y corazón que ponga las cosas en su sitio. Más allá de lo que digan los jueces tú siempre vas a ser su padre. Por grande que sea tu dolor, tu vida es más que tus hijos; Y como los padres estamos para dar y no para recibir, es importante que el resto de tu vida lo llenes de alegría y de conciencia, para que se lo puedas dar cuando vuelvan a acercarse a ti.
Un abrazo solidario.
PD1. La carta es demasiado larga para hablar del tema de por qué escribo en catalán. A ver si cuando tengo un rato lo escribo en el Blog
dimarts 15 de novembre de 2005
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